No sé cuál es tu caso, pero, para mí, el trabajo es algo central. Es donde más esfuerzo mental invierto. Encima, me importa, porque trabajo de algo que me gusta, así que siento cierto apego.
Sin olvidarnos de ese sesgo, una de las preguntas que más me han incordiado durante estos últimos años ha sido esta:
¿Qué pasaría en un mundo donde el trabajo ya no es necesario para vivir?
Hoy en día, eso parece que es una posibilidad, así que he querido explorarlo en serio hasta llegar a una conclusión.
No, para engancharte a este texto no te voy a vender la moto con que “sé que” el trabajo va a desaparecer, y menos después de haber investigado sobre el tema en una publicación anterior.
Si no lo has leído, te recomiendo que lo hagas antes de seguir:
Lo de que podemos quedarnos sin trabajo parece una situación que se va acercando, aunque sea algo que ya dan por supuesto esas personas que también te están hablando sobre un futuro donde el trabajo será opcional.
Trabajo = Ocupación retribuida casi obligatoria para sobrevivir en sociedad
Mira que ya es mala pata, que esto de que vaya a desaparecer el trabajo lo digan justamente las mismas personas interesadas en que creas eso para que compres su producto de IA, pero... volvámonos locos. Compremos todas las motos, juguemos a soñar que todo eso podría ser verdad. Me parece un camino divertido por el que transitar.
Pero claro, no puedo evitar dudar.
¿Y si pasara de verdad?, ¿y si de verdad nos quedáramos sin trabajo? No tu vecino programador y tu novia fotógrafa, no. Todos. Everyone.
¿Cómo nos afectaría realmente?, ¿sería algo bueno o malo para la sociedad a largo plazo?
Y esto me hace pensar en una teoría conspiranoica sobre la que he leído antes: ¿y si es el trabajo una forma de control social?
Con lo del control social, me refiero a la teoría de que, en realidad, somos un rebaño amansado por un sistema que nos conoce mejor de lo que creemos.
Un sistema que supuestamente nos vende lo del propósito en el trabajo para que sea el centro de nuestra vida. Vamos, que aparte de su utilidad práctica, podría ser un mecanismo pensado para que canalicemos cosas y nos mantengamos tranquilitos.
¿Es esto verdad? Podría ser fácil de comprobar. Si el trabajo fuera de verdad un sortilegio de control social... al deshacer el encantamiento, (al no haber trabajo) podría generarse una situación muy peligrosa. Habría descontrol social. La gente se dedicaría a delinquir.
Todo esto, lo sabremos aquí. Sí, de verdad. Te lo dice el Nicolás que ya ha escrito este artículo completo: es una madriguera de tema que ha cambiado cómo veo el trabajo, el ocio, la naturaleza humana y ese posible futuro sin trabajar.
No digo que con esto podamos predecir el futuro, pero sí que hay pistas muy interesantes.
Se acabó el trabajar
Un día, vete a saber por qué (el cómo pasaría esto no lo discutiremos hoy aquí, porque si no ya tengo que escribir un libro), salen en las noticias docenas de políticos reunidos y dándose la mano porque dicen que ya no tienes que volver a doblar el lomo nunca más, sin consecuencias negativas.

Esa es la situación que te plantean.
¿Cómo te sentirías?
Yo desconfiaría al principio, la verdad. Necesitaría confirmarlo. Y, si de verdad fuera así... me sentiría como si me acabara de tocar el Euromillón. Me sentiría liberado de una carga enorme.
Sobre el tema del trabajo:
Cuando tenía 14 años, entré en una crisis de “todo da igual” bastante dolorosa. No puedo llamarlo depresión, no fue tan dramático, pero la verdad es que dejé de tener ganas de hacer cualquier cosa y acabé hablando con varios psicólogos.
Empezó cuando me di cuenta de que al salir del instituto, la vida giraría en torno al trabajo. Pasaría la mayor parte de mi vida haciendo algo que (quizás) no me gustaba para gente que no me gustaba.
No me equivocaba, en parte. Muchos están en esa situación y se adaptan como pueden.
La tontería me duró unos meses, pero fue horrible.
Parece que decir que te gusta tu trabajo no es lo habitual. De hecho, me suelen decir que se considera una suerte.
Suerte, ¿de qué?, ¿cómo puede ser eso normal? Nadie debería odiar lo que hace durante 100.000 horas de su vida adulta, o casi un 40 % de tu tiempo (no son estadísticas inventadas, por cierto).
Si vamos a normalizar el sufrimiento, vaya vida que nos espera.
Con esto en mente, volvamos a la supuesta utopía: Vivir en esta sociedad ya no significa tener que esforzarse para cubrir tus necesidades básicas. La comida, el techo y lo imprescindible para vivir está garantizado aunque no vuelvas a trabajar. No me preguntes cómo, pero imaginemos que es viable.
Piensa en el peor curro que has tenido nunca. Donde solo volverías si estuvieras en graves apuros económicos. En mi caso, eso es ser camarero (soy radicalmente incompatible). Pues la probabilidad de que vuelvas a sufrirlo es de 0%.
No es como si se hubiera terminado todo lo malo para siempre, pero gran parte de la ansiedad por sobrevivir, sí... Y eso es importante.
Me parece interesante hacer un pequeño inciso aquí, porque en este mundo ideal nos podríamos topar con algo indeseable. Lo que más me preocuparía es la gente que está en el poder.
Y luego nos metemos de cabeza en cómo reaccionaría la gente individualmente, ¿ok?
La separación de clases parece inevitable
La naturaleza humana es muy social, así que lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en el dinero es en qué pasaría con el status quo que da el dinero. Se podría ir a la mierda... y no conviene.
Pobre gente ganadora del Monopoly de la vida, que tenía su vida ya montada alrededor de explotar y manipular a otros hacer que otros trabajasen para él.

Tener dinero engancha y, muy relacionado con eso, engancha todavía más tener poder. La sed de poder seguirá siendo una necesidad básica para muchas personas.
Por eso, dudo mucho que permitan quedarse sin su poder. Así que la desigualdad podría seguir existiendo, al menos durante un tiempo.
Tengamos en cuenta que hoy en día son las personas ricas de grandes empresas las que deciden sobre el mundo tal y como lo conocemos, así que... esto de dejar de trabajar podría tener trampa, y haberse pactado de antemano.
Así que, aunque no se supiera al principio, podría haber algo que hayan impuesto como condición esos señores feudales modernos.
“No tenéis que volver a trabajar PERO [inserte aquí putadón]”
Aviso que esto que voy a decir entra en el terreno de la especulación. Aunque me parece muy razonable:
Creo que no harían desaparecer por completo la figura del dinero, precisamente por la relación que tiene con el poder.
Tiene sentido que siguiera habiendo algo simbólico, aunque a ese algo ya no lo llamásemos “dinero”. Me da igual cómo lo llamen, sería una moneda de cambio que daría cierto estatus o poder adquisitivo “extra”. Podrían ser incluso puntos sociales.
Por tanto, a la vez que desaparece el trabajo, podría emerger un sistema paralelo (encargos, favores, lo que sea...) mediante el cual podrías seguir haciendo algo para alimentar tu ambición más allá de lo básico. Porque no solo la gente rica: mucha más gente tiene aspiraciones.
Ese “algo” a hacer para conseguir cosas podría ser un equivalente a los likes en las redes sociales, las reseñas en Google o incluso tener una comunidad de seguidores.
Imagínate que ahora tus likes o número de seguidores fueran el nuevo dinero... Todos influencers.
Nos quitan la necesidad del trabajo para comer y nosotros nos inventamos otro trabajo que no nos gusta. Puff...
Véase cómo lo imaginan en Nosedive, de Black Mirror:
Si esto se diera, veo probable que surgiera una brecha entre las personas que dejaron de trabajar por completo y las que no. Una clase humilde de gente que es feliz con lo básico, y luego estarían los que están pendientes de subir el escalafón social.
Eso es, por supuesto, conociendo solo la realidad actual que ya vivimos. Podría ser muy diferente... y mucho mejor.
Pero bueno, realmente no se puede predecir esto. De hecho, es buena noticia que exista ese capítulo de Black Mirror, porque significa que esa “pesadilla” para introvertidos ya está en el inconsciente colectivo y sabemos que podría pasar, y sobre todo que no nos gusta. Vamos, que la posibilidad de que esto pase... podría ser baja precisamente por tener esa alerta ya integrada en la cultura.
Lo que quizás sí que podemos predecir con más seguridad, quizás por ser menos complejo que TODA UNA SOCIEDAD ENTERA, es cómo puede acabar actuando cada persona individualmente. Ahí sí podemos predecir un poquito, sobre todo porque tenemos casos estudiados.
Por tanto, me centraré en eso, esta vez basándonos en cosas que ya se saben. Buscaremos un patrón y veremos a dónde nos llevan las conclusiones.
La clave y el centro de este artículo será preguntarnos...
¿Qué hace la gente cuando no tiene que trabajar?
¿Cómo cambia la gente cuando deja de trabajar?, ¿en qué se convierten?
¿Pierden su “propósito” de vida y se vuelven unos ermitaños?, ¿salen los instintos salvajes y se vuelven caóticos y peligrosos?, ¿dejan volar la imaginación y empiezan a crear arte como locos?
Tenemos que averiguar qué hace el ser humano cuando no tiene una obligación laboral. Tengo mi opinión, pero prefiero saber. Así que toca investigar un poco.
Miniíndice del centro de la investigación:
El cazador-recolector.
El que ya no necesita trabajar para vivir.
Personas que se hacen ricas de golpe.
Cuando todos “viven mejor”.
Quizás, pensé, un buen punto de partida sea echar la vista para atrás. En nuestra historia antropológica encontraremos muchos ejemplos de “ociosidad”, si es que realmente se puede interpretar así.
También buscaré información sobre aquellas personas que no necesitan volver a trabajar en un mundo donde el trabajo sí es la normalidad.
Empieza el viaje.
El cazador-recolector
El ser humano, antes de industrializarse, incluso mucho antes de que existieran agricultura y sociedad tal y como las conocemos... ¿vivía libre? Yo te diría que sí, pero quizás me equivoque.
¿Qué es la libertad, al fin y al cabo? En este contexto, podría definirse como tener una vida cómoda y, por tanto, que el ser humano de por aquel entonces podía hacer lo que quisiera con su tiempo.
Y ya empezamos mal, porque no podemos afirmar que tuviera una vida demasiado cómoda, que digamos.
Pero ojo, porque he visto que no es lo mismo tener libertad que comodidad para hacer lo que quieras.
Una nota:
Quizás sea un error buscar respuestas en la prehistoria.
Solo estamos asumiendo cosas, como que la comodidad era mucho menor o que las obligaciones, aunque no tenían por qué ser impuestas, eran mucho más necesarias... Pero nada de lo que comentaremos sobre este periodo lo podemos saber con certeza.
¿Por qué? Porque lo que se “sabe”, parte de interpretaciones y reconstrucciones parciales de ciertos pueblos. Y no, ninguno de esos pueblos podría representar a toda la humanidad prehistórica.
Y eso no es todo. La complejidad es obviamente mucho mayor de lo que cabría pensar.
Hay muchas variaciones que no conocemos ni podemos controlar. Tribus, personas, épocas, áreas... Todo esto puede llevar a malinterpretaciones y generalizaciones exageradas sobre lo que se ha encontrado.
Así que cojámoslo con pinzas, ¿vale?
Imagínate cómo sería vivir en un entorno salvaje. Vamos, hostil. Con apenas protección más allá de una lanza, una cueva, un fuego (si ya lo has inventao) y la presencia de tu grupo.
Hay depredadores, y también de los que caminan sobre dos patas, que son incluso peores. Posiblemente, a esto se suma también la necesidad de “mudarse” casi constantemente, eres un nómada.
Dime tú cómo de libre puede considerarse el tiempo de alguien que podría estar viviendo con una cierta intensidad de peligro que nosotros no tenemos.
No se puede imaginar. No podemos saber cómo era la experiencia psicológica, pero tengo claro que eso influye, vaya que sí, en cómo se experimenta la vida.
Hasta las necesidades que no tengan prioridad (como un pequeño dolor o incomodidad) podrían pasar a un segundo plano en un contexto así, ¿no?
En este vídeo hablan sobre cómo seguramente se vivía en algunos entornos prehistóricos:
De entrada, me encaja lo que dice. La vida no se separaba entre trabajo y ocio. Normal. La sociedad no era como la conocemos hoy en día.
Parece que pasaban muchas horas vinculándose y descansando. Lo de que dormían en dos ciclos, lo cogería con pinzas porque hay estudios que afirman lo contrario. Podrían ser verdad ambas cosas. Como digo, no controlamos las variaciones.
Lo más interesante es que, según un estudio, “trabajaban” a media jornada. 15-20 horas semanales buscando comida (que podría ser los 7 días de la semana. Los árboles y los animales no se ponen en pausa el sábado). Vamos, que se trabajaba unas 2-3 horas diarias como mucho. Ya quisiera yo trabajar solo 2 horas diarias.
Aunque... esas horas podrían ser una media repartida en 2-3 días de búsqueda intensa de comida, que también cuadraría. Unas 6-7 horas en 3 días.
Igualmente, recordemos que las obligaciones eran... oh, sorpresa, obligatorias. No eran opcionales. Nada de pedirte la baja. O las hacías, o tu vida corría riesgo. Como ser autónomo en España, pero un poco peor (solo un poco).
¿Era duro estar sometido a esa presión? Depende de cada uno, supongo.
Y aquí viene lo importante...
¿Qué hacían cuando no recogían frutos o cazaban conejos?
Richard Lee, el señor que comentó lo de las 15-20 horas, amplió el cálculo y dijo que se llegaba hasta las 42,3 horas semanales si incluíamos todas las actividades (sin incluir ocio, podemos interpretar). Tiene sentido: yo, si sumo tareas del hogar y cuidar del peque, también me saldrá algo así.
Es interesante, porque podemos resumir la vida de estas personas en tres partes:
Vida cotidiana. Cocinar, reparar cachivaches o partes de la casa, limpiar, cuidar a otros... Esto, lo hacemos todavía.
Vida social. Se cuidaban las relaciones, porque dependían unos de otros. Vamos, que eran muy necesarias como forma de supervivencia. De hecho, vivir aislado era seguramente sinónimo de condena.
Mucho ocio circulaba alrededor de esto. Así que ganaba mucha importancia el factor social. Esto, en parte, podríamos haberlo perdido.Vida cultural. Quizás está influenciado por la vida social y habrá ocio aquí, pero coexistían arte, música, adornos, rituales, juegos...
Se han encontrado todo tipo de tesoros catalogados como “innecesarios” en las excavaciones(aunque dime tú, José, el de la brochita arqueológica, quién eres para decidir qué era y no era necesario hace 300.000 años).
Y puede que parte de la cultura se transmitiera de padres a hijos. Eso podría reforzar el grupo y hacerlo más fuerte (no solo en vínculo, también en capacidades). Si recordabas cómo se hacía el caldo curativo de la yaya, tenías un recurso muy valioso.
La verdad es que la prehistoria no demuestra cómo es ni será el ser humano en el futuro, y menos sabiendo que estamos hablando de una bolsa de tiempo enorme que es casi desconocida para nosotros... pero refleja una parte de nuestra naturaleza, y creo que eso es importante.
Lo de la vida social me hace pensar que, quién sabe, quizás nos volvamos más amables con los demás cuando seamos más libres. Nos acabará importando más caerle bien al vecino o ser educado con los desconocidos. Solo espero que no se tuerza como en Black Mirror.
Ahora bien, no sabemos por qué eran tan sociales, pero podemos deducir que era por protección. Y se supone que ya no habrá necesidad de protección si llegamos a tener de nuevo esa libertad en el futuro.
Precisamente porque viviríamos en un sistema seguro, cerrado (y quizás competitivo) es que, justamente por la falta de peligros externos, podría haber un distanciamiento y aislamiento entre personas. A saber.
De aquí podemos extraer que el ser humano más desocupado de obligaciones que lo hagan buscar sustento, podría tener entonces más hueco para ser social, generoso y altruista. O quizás usaría ese hueco para algo más egoísta, quién sabe. Pero el potencial está ahí.
Todavía nos queda mucho que contrastar.
Volvamos al presente, a ver más casos que nos den pistas.
El que ya no necesita trabajar para vivir
Esto me ha flipado.
¿Qué harías tú si no tuvieras que volver a trabajar nunca más? Piénsalo un momento.
Seguramente, te tomarías unas vacaciones muy largas, sí... Pero, y luego, ¿qué?
Pues he visto que hay quien no necesita trabajar... y, aun así, acaba trabajando.
Existen muchos ejemplos a lo largo de la historia, y podríamos pararnos ahí (de hecho, lo hice en una versión anterior de este texto), pero he pensado que es mucho mejor centrarnos en los ricos contemporáneos.
Porque están más documentados y se pueden entender mucho mejor las motivaciones de cada uno.
Y he visto que no hay un único tipo de cosa que el ser humano hace cuando le “sobra pasta”. Aunque la tendencia está clara, hay matices: parece que la abundancia afecta diferente a cada persona, la potencia.
Vamos con los casos (muy resumidos, o se nos va la olla):
Jeff Bezos, fundador de Amazon. De las personas más ricas en la Tierra, y sigue trabajando sin parar. En una entrevista dijo que no empieza a trabajar hasta las 10 de la mañana, y que lo ve como un lujo. Tiene una relación más sana con el trabajo. Pero, insisto: trabaja.
Bill Gates, fundador de Microsoft y uno de los hombres más ricos del mundo también. Dedica su tiempo a su fundación, y es muy conocido por leer mucho y defender la formación continua. Dice disfrutar mucho de su trabajo todavía. Trabaja.
Tom Anderson, el cofundador de Myspace. Este vendió su empresa y empezó a viajar y a fotografías paisajes. En su caso, se ha dedicado al mundo creativo, sin ánimo de lucro. Lo que no se suele saber es que ha seguido vinculado a los negocios, haciendo de asesor y consejero, además de inversor. Trabaja poco, pero trabaja.
Gabe Newell, es el cofundador de Valve (la plataforma número 1 de videojuegos en PC) y trabaja 7 días a la semana... desde su barco (al menos, eso hacía en 2025). También bucea y hace ejercicio. Sigue trabajando por pura diversión. Dice sentirse como un jubilado, pero trabaja.
Lo explica aquí:
Aquí tienes toda la entrevista completa, si quieres zambullirte (nunca mejor dicho):
...interesante.
Uno sigue trabajando como un loco, otro se vuelve filántropo, otro se dedica a algo creativo (pero sigue de asesor) y otro trabaja por diversión.
Pero todos trabajan, repito.
Como extra, me ha parecido interesante porque está bien documentado: Graham Stephan.
Graham Stephan, inversor y youtuber millonario, se hizo rico en 2016 gracias a su patrimonio inmobiliario y acabó creando un canal de YouTube.
Aquí explica cómo es su día a día:
Por si no he sido del todo claro, toda esta gente sigue esforzándose, haciendo algo que les cuesta. A pesar de que nadie se lo exige.
Recordemos que tienen dinero para aburrir y, a pesar de eso, siguen currando. Quizás con muuuyyyy poquita ansiedad por llegar a fin de mes, pero al fin y al cabo siguen haciendo cosas.
Me encanta, porque rompe totalmente el prejuicio que tenía sobre los ricos, la verdad. Sin embargo, tiene sentido.
Por mucho dinero y tiempo libre que tengas, acabarás aburriéndote de tus vacaciones de 3 meses y querrás empezar a hacer otra cosa. Te ilusionarás con alguna idea y te va a hacer gracia tener tu proyecto, por pequeño que sea.
Si hay suficiente dinero para sobrevivir, parece que cada uno acaba haciendo lo que siempre quiso... y que sigue esforzándose. Hace un ejercicio casi diario que, si lo piensas, mejorará su salud mental y lo mantendrá “en forma” como ser humano.
Parece que, en efecto, el dinero da tranquilidad, pero no puedes sentir que tu vida está plena a golpe de billetera. Quizás sí un tiempo, pero no permanentemente. Al final va a ser verdad eso de que el dinero no da la felicidad, pero la facilita muchísimo.
Tiene lógica.
¿Podría ser que esto de necesitar estar activos forme parte de nuestra naturaleza? Podría ser, pero todavía no lo puedo afirmar. Seguramente estemos hablando de casos excepcionales, gente muy privilegiada y, quizás, intrínsecamente especiales.
Así que te compraría que podrían ser excepciones y que no representan a la gente “normal”.
Esto hace que necesitemos ver qué pasa con la gente que se ha hecho rica de repente, que no tiene una vida entera preparándose para ese momento. Gente que no tiene por qué habérselo ganado poco a poco, ni que tiene por qué tener una mente privilegiada o la idea millonaria.
Personas que se hacen ricas de golpe
Las personas que se hacen ricas de golpe no llevan años montando empresas ni acumulando fortuna. Son gente normal, como tú y como yo, que hacen lo que pueden con el dinero que consiguen, pero que un día tienen un golpe de “suerte” y se vuelven ricos sin esperarlo.
Si a cada uno de nosotros se nos diera esa abundancia y esa ausencia de trabajo... podríamos experimentar algo parecido desde un punto de vista individual. Por eso me parece tan interesante. Ojo, que ya sé que no sería exactamente lo mismo, pero nuestra reacción se acercaría mucho más a la de estas personas.
Aquí, me ha sorprendido ver que tenemos muchos mitos alrededor de la lotería y cómo reacciona la gente al premio.
Por ejemplo, es muy televisivo eso de que la gente que consigue el Euromillón malgasta el dinero y se acaba arruinando... (y genera la leyenda urbana de que ese suele ser el caso de un porcentaje muy elevado de la gente “afortunada”), pero no es así.
No todo el mundo es estúpido. De hecho… casi nadie.
No es la realidad, sino algo que se quiere creer, quizás movido por la envidia. Cuando nos enteramos de que a alguien le ha tocado la lotería, puede dar cierta rabia porque ese alguien no eres tú... y he visto que hay gente aliviada al saber que aquella persona afortunada lo perdió todo y ha vuelto a su curro de basurero o, peor, que se ha endeudado hasta arriba y lo ha perdido todo.
Es triste, pero cierto. Te voy a demostrar que no me lo invento.
Adoro el canal de Antonio Gutiérrez, y hace un buen análisis del tema. Aquí comenta ese tipo de casos, que se han hecho muy conocidos:
Pensemos con lógica un momento: la gente normal no es tan estúpida. Si te toca la lotería (y más si conoces esos casos), lo que quieres es mantenerte rico, no perderlo todo. El miedo está ahí.
Pero, como digo, el tópico no está respaldado por las estadísticas. Vamos a ver qué nos dicen los estudios, vamos a tocar tierra.
En 2011, se estudió a 420 ganadores de lotería. Las tendencias eran:
Se mantiene una gran parte de su estilo de vida, incluyendo identidad y relaciones.
Muchos ahorran o invierten parte de su premio.
Los que ahorraban menos eran, curiosamente, aquellos que recibían pagos periódicos.
Vamos, que la gente no cambiaba de personalidad por haber ganado un pastizal. De hecho, me cuadra: la gente no es capaz de cambiar de manera de ser tan rápido.
Si eras un imbécil pobre antes de cobrar el premio, serás solo un imbécil con mucho dinero.
Un estudio de España da datos que son compatibles con esto: la gente tiende a reducir parte de sus deudas pendientes después de recibir el premio.
Todo esto está muy lejos del famoso perfil derrochador que en dos días se fuma todos los billetes, ¿no te parece?
Sigamos buscando, que es interesante.
Otro estudio de 2017 en Suecia verificó que la gente que ganaba el premio no solía dejar de trabajar, pero sí que reducía sus ingresos laborales de manera sostenida. Vamos, que cambiaba cómo trabaja y seguramente también cuánto. Aunque el estudio incluye premios de diferentes cantidades, por lo que no podemos generalizar al 100 %.
También se ha visto que la gente que ganó uno de estos premios demostró sentir una mayor satisfacción vital. Aunque en el día a día esto no se notaba tanto. En fin, la tranquilidad...
Por otro lado, un estudio británico de 2023 también nos dice cositas. Cambiaron las relaciones sociales. Había mucha gente que empezó a reunirse más con sus amigos, hablaba menos con los vecinos y dependía menos de redes de apoyo. Lógico.
Es un poco como lo de los cazadores-recolectores: al tener abundancia de recursos... ya no hace tanta falta aguantar a ciertas personas para seguir sobreviviendo. Cuando hay abundancia, nos relacionamos más por elección que por necesidad.
También tenemos una investigación española hecha en junio de 2026 que detectó cambios después de ganar la lotería: menor actividad laboral, inversión en ladrillo, emprendimiento y pago de deudas.
En definitiva, la independencia económica cambia la manera de vivir de las personas.
Entonces, ¿cómo nos cambiaría la vida a cada uno si nos hiciéramos ricos de golpe? Como decía, cada uno es como es, con más o menos dinero, pero si hablamos de cómo nos podría afectar, hay algunos patrones que ya podemos identificar:
Cambiará nuestra relación con el empleo. Trabajaremos por diversión, de lo que nos dé la gana.
Si hay abundancia, hay gente que se preocupará por mantenerla en el largo plazo. Algunos empezarán a invertir.
Algunas relaciones pueden cambiar.
Algunos se animarán a emprender.
Otros se centrarán más en sus hobbies.
O todo a la vez.
Alguno habrá que malgaste dinero, no te digo que no. También seguirá habiendo gente que buscará hacerse “rico” intentando estafar, pero los datos que tengo delante contradicen esa leyenda urbana de que “la ruina es inevitable cuando te toca el gordo”. Me gusta haberme equivocado con este prejuicio.
No voy a ponerme categórico diciendo que casi nadie se arruinará por esto, pero ahora veo que la creencia no está basada en nada sólido.
A pesar de todo esto, hay un matiz que todavía no hemos tenido en cuenta y que podría cambiarlo todo: cuando te toca la lotería, eres solo tú el que se vuelve “rico” de la noche a la mañana. Eres tú el que ha cambiado, no el mundo entero.
El caso hipotético que estamos investigando sería mucho más masivo.
La sociedad como la conocemos no podría seguir siendo el sistema que es ahora. Puede que esos patrones que hemos visto ya ni siquiera tuvieran sentido (quizás, invertir ya no fuera necesario, o el trabajo fuera siempre opcional por defecto).
Todo esto nos lleva al último caso que podemos estudiar.
Cuando todos “viven mejor”
No quiero darle muchas más vueltas, pero nos falta esta arista por pulir. El cómo reacciona una sociedad entera cuando la necesidad por sobrevivir se reduce o desaparece mucho.
Tenemos dos casos reales. Pequeños, pero útiles para reflexionar.
Kenia.
En Kenia se seleccionó a 44 aldeas a las que se empezó a dar un sustento de dinero durante 12 años. Básicamente, les dieron dinero a todos los adultos para cubrir las necesidades básicas (sobre todo, alimentos).
¿Qué pasó?, que toda esa gente siguió trabajando el mismo tiempo, pero se notó un cambio: parte del trabajo lo empezaron a hacer por cuenta propia. Ahí ya se puede ver un cambio en la relación con trabajo, nada más tener ese pequeño colchón.
También, los negocios y la actividad económica... a que no lo adivinas... aumentaron y se expandieron.
Ojo, solo tenemos los datos de los dos primeros años, por ahora. Y no olvidemos que la ayuda era algo básico. Fue un impulso para que tuvieran una mejor base, simplemente. El trabajo podría seguir siendo necesario, pero hay más posibilidades.
Dauphin
En relación con el tema del control social del trabajo, aquí tenemos un descubrimiento. En los años 70 se hizo un experimento en Dauphin, localidad canadiense. Ahí, decidieron garantizar una cantidad de ingresos mínimos a ciertos hogares. Una especie de ingreso mínimo vital.
Un tiempo después, algunos investigadores analizaron qué pasó con la delincuencia y la violencia en ese territorio (en comparación con la de otras localidades). Se vio una bajada significativa.
Teniendo en cuenta que no todo el mundo recibía esa ayuda, ni suponía riqueza... es interesante. Al contrario de lo que hubiera pasado si el trabajo fuese un mecanismo de control social, la gente no se volvió loca por no tener que trabajar tanto, ni aumentó el crimen.
Podríamos hablar de muchos más estudios y casos, pero prefiero dejarlo por aquí.
Nada de esto demuestra qué pasaría realmente si hiciéramos lo mismo en todos los hogares al mismo tiempo, pero por supuesto tenemos ya algunos datos chulos con los que sacar nuestras conclusiones.
Descontrol VS renacimiento
Vamos a ver, entonces, ¿qué cabría esperar en un futuro como el que hemos planteado?
Este artículo me ha llevado mucho más tiempo del que me hubiera gustado, pero me ha parecido increíble. He desmentido muchos temas que parecían escritos en piedra y he confirmado otras creencias que no tenía claras. Siento que vivía en la inopia antes de escribir este artículo.
Antes de abordar la dicotomía de utopía vs distopía. Dos conclusiones que son clave:
No es lo mismo trabajar porque necesitas el dinero que trabajar porque quieres hacer cosas.
Si no hay dinero en la ecuación, sigue existiendo la necesidad de mantenerse activo. Seguimos queriendo aprender, crear cosas o meternos en proyectos... todo, porque nos apetece.
Los ricos no paran de hacer cosas aunque estén podridos de dinero. La gente que ganó la lotería no abandonó todo lo que hacía. Muchos, mantuvieron lo que hacían después de verse “salvados” de la carrera de la rata.
Pero ojo, es lógico que te marches de tu curro de frutero después de que te toque la lotería si tú en realidad siempre has sido un artista sin tiempo (como muchos). Pero si ya te dedicas a pintar cuadros, seguirás donde estabas, solo que con más libertad (los encargos pasarán a ser algo muy opcional, si eran algo que no te llenaba).
Esa abundancia nos podría traer una vida mucho más contemplativa, y podríamos disfrutar mucho más de nuestras ocupaciones.
Al sacar el dinero de la ecuación, vuelve a ser más importante hacer cosas simplemente porque te gusta hacerlas. Normal, porque la motivación externa ya no está (o, al menos, no con tanta fuerza).
El dinero puede dar la felicidad, pero no como se espera.
Los caprichitos de mierda no dan felicidad alguna, pero sí que lo da esa tranquilidad que te da el no tener que volver a pensar en la carga del dinero y de la supervivencia. Al final, la cuestión es vivir más tranquilo y poder dejar de hacer cosas que no te llenan por tener ese dinero.
¿Qué pasará, entonces?
Por tanto, ¿qué pasaría con nosotros?, ¿acabaríamos descontrolados o experimentaríamos una especie de renacimiento?
Te he mostrado todo tipo de casos donde se puede ver cómo responden esas personas que consiguen vivir ese tipo de vida más relajada. El problema es que son casos aislados, y el resultado no es a escala global. Una cosa es cómo estarías tú en tu casa, y otra es cómo afectaría a toda la sociedad.
Lo importante que hay que saber es que no hay pruebas suficientes para poder afirmarte “reaccionaremos así” con rotundidad. Que te diga esto es buena señal, porque la verdad siempre es más compleja de lo que uno espera, y eso significa que hemos investigado de verdad y hemos entendido su verdadera complejidad.
Pero sí que puedo afirmar una cosa. Después de todo, yo apostaría a que la gente seguiría haciendo cosas. No lo llamaría “trabajar”. Quizás “tener ocupaciones”, o algo así.
También me arriesgaría a especular que seríamos más sociales, más creativos y que habría menos delincuencia.
Es más, con las necesidades básicas cubiertas, la autorrealización me parece el camino más lógico por el que transitar.
O quizás nos vayamos todos a la mierda. Todo dependerá de cómo se gestione, supongo, pero me decanto por el optimismo.
Veo más señales a favor del renacimiento cultural que de la distopía. Al fin y al cabo, es poco probable que acabemos como los gorditos de Wall-E: mientras no cambiemos nuestra naturaleza, nos mantendremos activos haciendo cosas que nos gustan.
Verás que no soy el único que ha llegado a esta conclusión.
Te muestro tres vídeos muy recomendables (todos tienen doblaje o subtítulos):
Reconozco que empecé este artículo un poco preocupado por el futuro de la sociedad. Después de ver cómo se comporta la gente a nivel individual cuando tiene abundancia... me encanta lo que veo.
Ahora, tengo ganas de que lleguemos a ese punto lo antes posible, quiero ver a dónde nos lleva, y soy optimista sobre el destino.
¿Qué opinas? Piensa en qué harías tú si nunca más tuvieras que trabajar para cubrir tus necesidades básicas. Qué es lo que harías, después de permitirte esos 97 caprichos que siempre has querido.
Yo lo tengo claro: seguir escribiendo y aprendiendo.








